A más de 120 pulsaciones por minuto

Hoy, 1 de diciembre, se celebra el Día Internacional de la Lucha contra el SIDA, y desde PAPERBOX queremos ser parte con una recomendación que es un MUST: la película 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute en su título original) del director Robin Campillo. Este film es el candidato de Francia a Mejor película extranjera para los Óscar, y la verdad es que no tenemos duda alguna de que es una gran apuesta la que hacen los franceses este año.

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Fuente: sensacine.com

Francia, París, principios de los años 90. Inmersos en el bullicio de una clase de universidad, sentados en lo más alto de las gradas de esa clase, y con un movimiento de cámara en mano que genera cierta inquietud e incomodidad, el espectador da la bienvenida a la organización Act Up París y conoce las reglas del juego para ser parte de ella. Así comienza la película, con una magistral secuencia de apertura que sumerge al espectador desde el minuto cero en la comunidad de la que va a formar parte durante más de dos horas de metraje.

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Fuente: fotogramas.es

Como espectador, ya eres parte de Act Up París y estás en una de sus asambleas semanales. Aquí no se aplaude, se chasquean los dedos cuando se está de acuerdo con algo para no paralizar el debate. Tú eres seropositivo. Lo seas o no, si eres parte de Act Up París, públicamente debes decir que lo eres. No se hacen diferencias entre los miembros por ello: todos luchan por un objetivo común que es impulsar la lucha contra el SIDA y poner contra las cuerdas a gobiernos, farmacéuticas y a todos los actores implicados en conseguir una cura para esta terrible enfermedad. Y así, de repente, siendo miembro de Act Up París y siendo seropositivo de cara al mundo entero, comienza tu viaje en una montaña rusa de emociones que te tambaleará hasta dejarte roto. Roto por dentro y roto por fuera.

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Fuente: yagg.com

Y en esa asamblea conocerás a Nathan (Arnaud Valois) un nuevo integrante de la organización, que es tan nuevo en la misma como el propio espectador, y conocerás también a muchas de las personas que forman parte de la misma: Sean, Sophie, Thibault, Jérémie, Max, Eva, Luc, Germain, Markus y muchos más. Es magistral cómo se perfilan a la perfección los caracteres, las personalidades, los miedos y las aspiraciones de todos y cada uno de estos personajes. La película equilibra de forma extraordinaria la pulsión entre lo colectivo y lo individual. Todos forman parte de un objetivo común, pero todos lo hacen desde una posición distinta, todos están ahí por una causa distinta, todos son distintos y, sin embargo, forman parte de una comunidad, de una unidad que avanza a través del diálogo, del acuerdo y de la lucha colectiva.

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Fuente: instant-city.com

El universo Act Up París y la angustia de una lucha a contrarreloj por seguir vivos se ponen de manifiesto con planos muy cerrados, claustrofóbicos, la gran mayoría en interiores y con cámara en mano. Tan sólo los planos de manifestaciones o de acciones organizadas de reivindicación en empresas o colegios tienen lugar al aire libre con planos más abiertos y que permiten al espectador salir de la asfixiante y agónica lucha de Act Up París. Una lucha por ganarle la batalla a la enfermedad, y por concienciar a toda una sociedad, a todo un país, que la lucha contra el SIDA es una lucha de todos.

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Fuente: unifrancefilm.org

La película respira una atmósfera de urgencia, cargada de emociones, pero que evita caer en el tono lacrimógeno, rompiéndose continuamente la tensión dramática con un chascarrillo, una broma, un comentario irónico o una situación inesperada que refleja una forma de mirar el mundo.  Una mirada desde la seriedad, la responsabilidad y la lucha, pero sin perder nunca el sentido del humor, la alegría y la vitalidad de un grupo de jóvenes que están convencidos de su deber y lo llevan hasta las últimas consecuencias. Ante un comentario homófobo de una chica en un colegio, Sean (Nahuel Pérez Biscayart) no duda en besar a Nathan (Arnaud Valois). Ante la homofobia, libertad, amor y paz. Y esto es sólo un ejemplo de las numerosas ocasiones en que la tensión se rebaja con un bonito gesto inesperado.

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Fuente: untitledmag.fr

La relación de Nathan  y Sean es una historia más dentro de la historia, o es la historia dentro de todas las historias. Sea como fuere, ambos constituyen dos personajes independientes y autónomos, que se quieren y cuidan desde el respeto y la madurez, con una relación admirable entre ambos. Mención especial merecen la naturalidad con la que se presenta el sexo entre ambos. Su primera vez se presenta en una secuencia cinematográfica de matrícula de honor en la que ambos se entregan el uno al otro, con planos que mezclan el pasado y el presente en un mismo espacio, la habitación de Sean, en la que se dan cita confesiones sobre sus miedos, sus debilidades, sus historias y sus escondites. Una secuencia en la que el sexo se concibe como una apertura al otro, no sólo física, sino también emocional.

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Fuente: trailer oficial

“Siento haberme cruzado en tu camino,” le confiesa Sean a Nathan en un momento de la película, y ambos se funden en una mirada en la que no hay nada que sentir, más que la injusticia que esta enfermedad trajo, y aún a día de hoy sigue trayendo, a tantas personas, a tantas familias y a tantos entornos y países en el mundo.

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Fuente: youtube.com

Y como no podía ser de otra manera, la muerte, que está presente a lo largo de toda la película como una constante vital que late a ciento veinte pulsaciones por minuto en todos los personajes, y que hace latir el corazón del espectador, acaba imponiéndose de forma sórdida, áspera, fría e incómoda. Mención especial merece la secuencia en la casa de Nathan en la que van llegando todos los compañeros de lucha, uno a uno, haciendo frente a la acartonada realidad que supone la muerte, lidiando con la otra cara de la vida. Un plano dividido por un tabique, a un lado la habitación de la muerte, al otro lado, la habitación de la lucha. Sólo necesita esa imagen el director para poner de manifiesto las dos caras de la existencia.

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Fuente: youtube.com

Cartón, lágrimas, incomprensión, lucha y un río Sena teñido de un rojo doloroso que atraviesa la ciudad llevando el mensaje de Act Up París a toda una sociedad que se mantiene silenciosa. Y el silencio es, en este caso, muerte. Por eso en Act Up París gritaron. Por eso en Act Up París lucharon contra el poder institucional y económico. Por eso en Act Up París mancharon con sangre y gritos el silencio de una sociedad atemorizada que ante el miedo elegía el estigma. Por los que murieron, y por los que mueren, hoy, más que nunca, toca seguir luchando. Esa lucha también está en el cine. Esa lucha pasa por poner tu corazón a 120 pulsaciones por minuto.

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