La Erótica: “Tenemos ideas muy equivocadas sobre el sexo”

Bienvenidos al espectáculo erótico de Verónika (Natalia Domínguez) que, como única actriz de la performance, envuelve al espectador en un remolino de historias que tiene el sexo como nexo. Esta comedia de Gerard Clúa, recomendada para adultos (y adultas), estará en la Escalera de Jacob durante el mes de noviembre.

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Natalia Domínguez en ‘La Erótica’. Fuente: La Escalera de Jacob

Verónika no es una mujer en un picardías (destaca un vestuario acertado y sugerente), es mucho más que una imagen sexualizada, es la voz de muchas voces de la experiencia, representa la sensualidad y la voz de la razón en un tema en el que la razón tiene poco que decir. “Soy sensualidad extrema y cocida, como las legumbres de la abuela, pero más hot.”

La estructura de la obra, a pesar de ser algo caótica y desordenada, deja claro que quiere mostrar distintas situaciones en las que la mujer y el deseo sexual son el centro de la escena: una prostituta, una choni del Barrio del Pilar, una femme fatale del cine negro o una operadora telefónica de una línea erótica.

Entre sketches, la actriz se mueve por el íntimo y cercano escenario como por su casa y se desenvuelve en conversaciones con el público. No rompe la cuarta pared, sino que nunca llega a existir. “¿A qué habéis venido, a verme con cara de ‘pajilleros’?”

En estos interludios también se desarrolla su “espectáculo erótico” en el que se explotan los recursos de luces y música y la actriz baila con una sensualidad exagerada propia de la comedia, como un cabaret teñido de ironía; moviéndose a cámara lenta. “Todo eso podría hacerlo muchísimo más deprisa, pero no me da la gana.”

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Fuente: La Escalera de Jacob

Los espectadores responden con curiosidad y carcajadas al monólogo y la obra sorprende en su diálogo: no sabes qué esperar. “No me voy a desnudar que para lo que habéis pagado, hijos de puta,” rompe la actriz con sorna tras comenzar un baile erótico con el sillón.

No obstante, creemos necesario resaltar un componente principal que falla en el guión y es su superficialidad a la hora de retratar a los personajes representados por la actriz. Estas mujeres, por cómo hablan y por la historia que cuentan en sí misma, se basan en clichés y estereotipos, que, por qué no decirlo, tienen algún que otro tinte machista.

“Esta comedia retrata el sexo como obsesión, alegría, peligro y tortura, como necesidad compleja y sencilla a la vez y siempre con voz de mujer,” afirma la sinopsis oficial.

¿Siempre?

La actriz encarna la figura de Inés, una mujer que vive la misma situación de pareja sin la regla y con ella y habla del “síndrome pre-menstrual“. Lo estereotipiza y utiliza argumentos que suelen utilizar los hombres para justificar las malas reacciones de las mujeres cuando tienen la menstruación.

Cuando termina la historia afirma: “El síndrome pre-menstrual es peor que esto y los hombres son tan tontos…” (es decir, que nosotras podemos aprovecharnos de ello).

También habla en la figura de otra mujer que sufre una violencia de género que no queda claro que denuncie, con frases de guión como “¿Se puede amar el daño? Pues sí, porque el sufrimiento es una puta lección de la vida.”

Más tarde, se mete en la piel de una chica del Barrio del Pilar, madrileña choni que alude a comentarios racistas de “su novio” como que “estudiar la reconquista de la península Ibérica es un anacronismo porque los moros siguen en España”.

Por último, recurre a los clichés de la telefonista erótica cambiando de acento desde una mujer de Europa del Este a una andaluza pasando por el trillado estereotipo catalán (una suerte de Ocho apellidos vascos).

Se despide sintiendo, con ironía, tener que destacar el hecho de que los espectadores sentirán envidia porque “los hombres no me van a tener y las mujeres no van a tener mi cuerpo.” Un planteamiento simplista y heteropatriarcal.

La única mención al colectivo LGBT es el relato de una de los personajes que, siendo hetero, tiene una experiencia homosexual. Tras esto no se plantea nada, ni duda de su sexualidad, dato que tampoco hace mucho por representar al colectivo.

No es que la puesta en escena fuera escandalosamente machista, pero no era todo lo feminista que se podía esperar tratándose de una producción que esbozaba la amplia erótica de la mujer.

Dicho esto, juzguen por sí mismos.

Se puede disfrutar de esta comedia en la Escalera de Jacob los sábados a las 22:30, hasta el 30 de noviembre.

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