Desde la línea fronteriza

Dos personajes (Soldado e Inocencio) permanecen estáticos en escena mientras el público se acomoda en la sala de la Escalera de Jacob. A Soldado e Inocencio les separa una ancha línea blanca pintada en el suelo, que divide el lugar en dos espacios.

La escenografía permite visualizar, con un sólo golpe de vista, el tema que la obra propone cuestionar: lo absurdo de las fronteras y sus prescindibles consecuencias. Un montaje sencillo, pero muy efectista.

La función comienza y los personajes empiezan a dialogar entre ellos. Soldado, interpretado por Ariel Muñoz, se sitúa a la izquierda del escenario. Él está en España, y su cometido es el de cumplir y acatar la norma que le han inculcado, preservando la separación de ambos espacios e impidiéndole el paso a cualquiera que intente cruzar la línea, la frontera.

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Fuente: Kelvin Herrera

Inocencio, interpretado por Daniel Marchesi, está a la derecha, y se encuentra en Marruecos. Como su nombre indica, se caracteriza por la inocencia, y ni siquiera se plantea que haya una diferencia entre un espacio y otro. Un chico libre y sin prejuicios, al que principalmente le preocupa encontrar su vaca para poder ordeñarla y llevarle la leche a su hermano.

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Fuente: Kelvin Herrera

A priori, son personajes opuestos en la forma y en el fondo, pero a medida que avanza la obra, las diferencias comienzan a disiparse entre ellos.

Da la sensación de que no hay un bueno ni un malo, sino que ambos son víctimas de un sistema que les oprime y les distancia física y socialmente. ¿Son hermanos o no son hermanos? Podrían serlo, así lo dejan entrever en varias ocasiones durante la función.

Bajo la dirección de Kelvin Herrera, Fronterizos reproduce un diálogo incesante que apenas deja tiempo al espectador para que digiera los dobles sentidos que hilan el discurso. Una conversación ágil, fresca y actual, que mantiene conectado al espectador durante los aproximadamente cincuenta minutos que dura la función.

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Fuente: Kelvin Herrera

Un juego de palabras que no persigue ser trascendental, pero que contiene un mensaje que sobrevuela por encima del texto y que el espectador lo recibe en clave de humor.

Al estilo del teatro del absurdo, pone sobre las tablas una cuestión que, tras la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, está más vigente que nunca: las fronteras y la separación de los espacios.

Aunque la obra está basada en un texto argentino, Fronterizos es una historia universal, extrapolable a cualquier frontera o situación divisoria.

Fronterizos finaliza tras tres meses en “La Escalera de Jacob”, pero prometen regresar en algún momento, ya que la obra ha ido ampliando su tiempo en cartel debido a la demanda de entradas que han tenido.

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