Psicodelia y purpurina 

Nadie a estas alturas se sorprende ya de la actitud de Miley ante la vida, ante su profesión, ante su futuro. Estrella infantil, ídolo de masas y, ahora,  juguete roto. Nadie duda que la mejor etiqueta para Miley es la de la provocación.

Sin embargo, probablemente poca gente conozca a la Miley que hay detrás de todo eso. Y muy probablemente la inmensa mayoría quede cegado por el brillo de la purpurina con la que últimamente le gusta cubrirse, se quede prendado de los vistosos colores que viste, o se dedique a criticar las obscenas posturas que muestra sobre el escenario.

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Fuente: giphy.com

Y es muy fácil criticar un envoltorio sin atreverse a abrirlo, desde la comodidad de la mirada ajena. 

Por eso, desde aquí queremos aventurarnos a mirar más allá de esa estrella perdida, de la polémica personificada, de la provocación. Y queremos reivindicarla. 

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Fuente: miojoindie.com.br

Conocimos a Miley ya hace muchos años, pero de una forma muy distinta. Corría el año 2007 y una Miley de 11 años de edad se convertía en la nueva estrella infantil de ese gran gigante del entretenimiento: Disney Channel. Miley Stewart era una joven dicharachera y soñadora que presumía de ser capaz de compaginar su vida y su arte y saber sacar lo mejor de ambos. 

Esa Miley tenía mucho de la real (tampoco tenía pelos en la lengua) pero  ¿Fue igual de fácil para Cyrus crecer bajo los focos? ¿Fue igual de fácil para la Miley real encontrarse a sí misma bajo la mirada atenta de las masas? No.

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Fuente: m-magazine.com

Desde muy temprana edad, Miley tuvo que enfrentarse a la polémica. Miley siempre ha tenido una fuerte personalidad, siempre ha sido diferente. Y en la enferma sociedad en la que vivimos eso no se mira con buenos ojos.

Al heteropatriarcado no le gustan las mujeres valientes, y quizás por eso, llegada cierta edad, las reduce a carne.

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Fuente: giphy.com

Miley Cyrus compartía regaliz con una amiga en una fotografía en Myspace en el año 2007 y la sociedad se escandalizaba. Miley aceptaba una sesión artística para Annie Leivobitz y la artista acababa teniendo que pedir perdón a padres enfurruñados que no querían que sus hijas enseñaran la espalda (¡por Dios!).

Un breve pole dance en una entrega de premios, consumo de sustancias (legales y siendo mayor de edad), e incluso una ofensa a la comunidad asiática mantuvieron ocupada a la prensa esos años.

No sabían que Miley acababa de despegar.  

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Fuente: girlfriend.com.au

Más tarde la polémica llegó a su música.

Su álbum ‘Can’t be tamed’  ya levantó suficiente revuelo en el año 2010. Nos atrevemos a decir que no sólo fue la imagen de la cantante lo que enfadó a muchos, que se acercaba más a la de una dominatrix que a la de una estrella para todos los públicos, sino que el hecho de que una mujer joven gritara a los cuatro vientos que no puede ser domada no suele agradar a muchos. Una pena.

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Fuente: theoddysseyonline.com

Pero fue en 2013 cuando llegó el verdadero boom de la polémica, con su álbum Bangerz. Espectáculos como el de los VMA’s y su actitud durante toda la gira le valieron su condición de juguete roto y las malas críticas de buena parte de la industria musical. 

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Fuente: mtv.com

Sin embargo, es ahora cuando la verdadera Miley aterriza y nos enseña que es capaz de mucho más. Y también musicalmente.

Sin desprestigiar temazos como ‘Wrecking ball’ o ‘We can’t stop’ – quizá demasiado comerciales para salirse de la norma- es sin duda su último disco el que marca la diferencia: Miley Cyrus and Her Dead Petz.

Este es un álbum experimental que queda fuera de su contrato con Sony (RCA Records), producido por su discográfica independiente Smiley Miley Inc. y que lanzó de forma gratuita en Soundcloud (siendo el álbum no comercializado más exitoso de la historia). 

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Fuente: giphy.com

 

Casi hace que nos olvidemos de la antigua Miley y que solo contemplemos a esta nueva, colorida y psicodélica Miley. Recién llegada del espacio exterior. 

Miley and Her Dead Petz nace de la colaboración con el grupo de rock psicodélico The Flaming Lips y se antoja un viaje iniciático hacia la propia personalidad de la artista.

Su voz más rota, la distorsión, sonidos espaciales… Este álbum es un punto de inflexión que vira la carrera de Miley hacia el pop experimental y la neopsicodelia.

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Fuente:snowcapsperhaps.wordpress.com

‘Space boots’, ‘Karen don’t be sad‘ o ‘Something about a space dude‘ son algunas de las piezas en las que Miley se mira a los ojos y habla claro, sin tapujos.

Miley ya se había desnudado ante las cámaras. Por fuera y por dentro. Sin embargo, ahora va un paso más allá: ha desdibujado su imagen, la ha distorsionado y vuelto a construir cuidadosamente para sorprender con su flamante identidad.

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Fuente:oscarmonster.deviantart.com

Incluso podría decirse que Miley está más centrada que nunca y entre promoción, gira y selfies en Instagram,  se dedica a recaudar fondos para luchar contra las desigualdades sociales entre la juventud con su fundación Happy Hippie (con especial apoyo a la comunidad LGTBIQ).

‘The backyard sessions’, en las que Miley actúa en el patio de su casa (sin luces, sin atrezzo, sin artificio) son auténticas joyas que le sirven para lograr su propósito.

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Fuente: thefrisky.com

Miley llama la atención. Eso es algo innegable. 

Sin embargo, más allá de esa llamada de atención hay una reivindicación. Una reivindicación que merece la pena escuchar.

Su estética hipersexualizada, la iconografía infantil o la forma que tiene de gritar lo que siente de forma desgarradora y sin filtro son su personal forma de superar los retos que le ha impuesto la vida, que ha encontrado en el camino hacia su sueño.

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Fuente: meltyfan.es

Parece que ante esa sociedad que la redujo a carne desde adolescente Miley gritara “ya lo hago yo”, llevándolo a un extremo que ridiculiza y evidencia la sexualización de la que son víctimas las jóvenes estrellas.

Parece que la purpurina, las trenzas y hasta los unicornios rosados sean su intento de apurar la última gota de una infancia disfrazada de fama. Robada, al fin y al cabo.

Cada gesto de Miley es una provocación en sí misma y una máquina de activar rotativas y llenar bolsillos. En eso estamos de acuerdo.

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Fuente: celebuzz.com

Pero cada gesto de Miley es también un sincero grito de libertad, de superación, de reivindicación.

Es imposible taparle la boca a Miley.

Y aún queda Miley para rato.

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Fuente: miojoindie.com
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