Hombres, mujeres y supraorganismos

 

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer.

Cuando eres una mujer, todos los días son días de la mujer, al igual que son días de la iguana cuando eres una iguana, o días del calcetín si naces calcetín.

Los días de la mujer no tendrían por qué ser distintos de los días del hombre, si tenemos en cuenta que ambos vienen de la misma unión de células sexuales de un hombre y una mujer anteriores, y que genéticamente solo se diferencian en un cromosoma: el X o el Y. A la mujer y al hombre comunes probablemente no les interesen sus cromosomas más de lo que les puede interesar su bazo, pero parece ser que los resultados de su expresión interesan muchísimo al inconsciente colectivo de la sociedad.

Al igual que Freud se empeñó en predicar la fuerza que tiene sobre nosotros aquello que nuestro cerebro entierra, la Sociedad como supraorganismo tiene también un cementerio de ideas y recursos, y los manifiesta con tanta fuerza que puede llegar a influir de forma decisiva en los días de la mujer, los días de la iguana y los días del calcetín.

Teniendo esto en cuenta, podemos volver a los días de la mujer común, que, como hemos dicho, no tendrían por qué ser distintos de los días del hombre común, pero como son parte del supraorganismo Sociedad, todo lo que ésta reprime influye en los días de ambos, y los hace en cierta forma diferentes.

La mujer evoluciona desde un estado larvario que se denomina “niña”. El hombre tiene otro estado larvario llamado “niño”, cuya única diferencia lingüística visible es una vocal. Las niñas y los niños no tienen muchas otras diferencias, porque aunque biológicamente sus órganos sexuales son distintos, a ellos no les importan más que su bazo. Las niñas juegan; los niños juegan. Ante la palabra sexo, niñas y niños se ríen. Ante la palabra caca, también. Esto no ocurre con las iguanas ni con los calcetines, que desgraciadamente, no se ríen nunca.

Las niñas, expresión larvaria de la mujer, son a veces denominadas “señoritas” o “mujercitas”. Los niños, expresión larvaria del hombre, son a veces denominados “caballeros” o “machotes”.

Las señoritas/mujercitas son delicadas, y sobre todo, diminutivas.

Los caballeros/machotes son fuertes, y sobre todo, superlativos.

Ante la palabra caca, diminutivas y superlativos ríen igualmente. A ninguno le importa por qué tienen que ser señoritas o caballeros aparte de niños, siempre y cuando se diga la palabra caca con la suficiente frecuencia.

Niñas y niños crecen por igual y se convierten en mujeres y en hombres que ya no se ríen en público con palabras impúdicas, porque entienden el tabú del inconsciente colectivo, aunque puede que sigan haciéndoles gracia internamente.

Las mujeres y los hombres, como parte del supraorganismo Sociedad, trabajan para prosperar, o en la mayoría de los casos, para sobrevivir. En esto, los días de la mujer y los del hombre se parecen a los días del bazo. De ellos se diferencian en que los hombres y las mujeres van al trabajo en transporte público, en coche o a pie, pero los bazos no.

Los hombres, en sus días de hombres, se levantan, desayunan, se duchan (si lo creen necesario), se visten y salen a la calle. El sol de la mañana les despierta y alegra su paseo con cálidos rayos de luz que les recuerdan lo maravillosa que es la vida. Entonces llegan al trabajo, que no tiene soles de la mañana, se deprimen, y para cuando salen ya es de noche y descubren que el cielo les ha engañado.

Las mujeres, en sus días de mujeres, se levantan, desayunan, se duchan (si lo creen necesario), se visten y salen a la calle. El sol de la mañana las despierta y alegra su paseo con cálidos rayos de luz que les recuerdan lo maravillosa que es la vida. Un amable transeúnte, también influido por el sol de la mañana, les dirige amables calificativos a gusto del consumidor, que puede elegir entre una gran variedad, desde el simplísimo: “Guapa” al admirado: “Joooooooder”, pasando por grandes florituras y posibilidades poéticas del español como: “Quién fuera tampón para meterse en tus bragas”, variaciones gastronómicas como: “Te lo comía todo” o corteses invitaciones como: “Vente p’acá, que te voy a dar lo tuyo”. Entonces llegan al trabajo, donde cobran, de media, un 20% menos que los hombres, no pueden ascender, su jefe les mira el culo; se deprimen, y para cuando salen ya es de noche y descubren que el cielo las ha engañado.

La primera diferencia entre los días de los hombres y las mujeres es la monotonía. Un hombre repite su rutina día tras día. Una mujer va cambiando según pasan, tan solo para comprobar si serán una falda o unos pantalones ajustados la causa de la amabilidad de los transeúntes con los que se cruza, o si debería pintarse un poco más o menos para prosperar en su trabajo, o si deberían dejar de tener culo para que su jefe no lo mirara. Porque las mujeres fueron mujercitas y crecieron para convertirse en señoritas.

Los amables transeúntes o los jefes, sin embargo, no se preguntan qué deberían hacer ellos, porque el sol de la mañana les recuerda lo maravillosa que es la vida hasta que se deprimen en el trabajo. Mientras están alegres, lo demás no importa. Culos, faldas y la mera existencia femenina son también rayos de luz para ellos, del mismo modo que podría serlo una iguana simpática o un calcetín sin tomates. Porque los hombres fueron machotes y crecieron para convertirse en caballeros.

Lo peor de todo esto no es que una mujer sufra acoso o no pueda progresar, o que un hombre babee como un perro ante un filete cuando pasa por delante. Lo peor es que las niñas no saben que todos creen que son mujercitas y diminutivas, y que existe la opción de negarse a serlo. Los niños, por el contrario, siempre saben que son machotes y superlativos, y que pueden comerse el mundo.

Mientras los niños y las niñas no sepan que solo les diferencia un cromosoma, y que éste tiene la misma importancia que su bazo, tendremos que seguir celebrando un Día Internacional de la Mujer, para que, al menos una vez al año, nos demos cuenta de que la palabra “mujer” no es un diminutivo.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rubén dice:

    Hola.
    He reutilizado tu entrada, y redirigido desde la mía (con el debido reconocimiento), en http://www.parecer.es (Mujer)
    Te felicito por su estilo: me recuerda al de mi admirado Juan José Millás

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s