La decadencia de la magia

¿Quién osa afirmar que el género fantástico es una cosa de niños? Cada vez que un adulto tiene este pensamiento muere un hada. Sin embargo, sí que es cierto que la fantasía para adultos o jóvenes entrados en años, al menos en el mundo de las series, brilla por su ausencia.

¿Cómo no iba a estar Patrick Rothfuss preocupado de que estropearan a su pequeño Kvothe, con el panorama que se presenta?

El porcentaje de series de fantasía tradicional (véase magia, razas distintas a la humana, dragones, etc.) que se produce es escaso. Pero el porcentaje de éxito de éstas pocas producciones es ínfimo. Quizá el común denominador es el gran presupuesto que se requiere en decorado y efectos especiales, que en diversas ocasiones ha conducido a la cancelación. No es posible una serie de fantasía minimalista.

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‘La leyenda del buscador’ era una buena serie, con todas las características que hacen de la ficción fantástica un reclamo de espectadores fans del género; un héroe de baja cuna, una bella confesora, un viejo mago y un destino para ellos, derrotar al antagonista, el clásico viaje del héroe con un gran guión, un escenario insuperable como es Nueva Zelanda, una evolución de los personajes y distintas subtramas que aumentan la intriga. Tras dos temporadas… CANCELADA.

Los caprichos de las cadenas, la baja audiencia o la decadencia de la magia, no lo sabemos, aunque los mejores buscadores continúan persiguiendo la fórmula del éxito.

Pocos intentos actuales han logrado colocarse ni tan siquiera una medalla al mérito. Excluimos, por supuesto, el paradigmático caso de Juego de Tronos, la fantasía medieval que triunfa en el imaginario del público. Nos referimos en particular a dos iniciativas del 2016, con un gran potencial desaprovechado en la forma.

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‘The Shannara Chronicles’ y ‘The Magicians’, actualmente en emisión, con escasos dos meses de vida, se han lanzado a la piscina de hacer fantasía clásica en el mundo de las series. En el primer caso tenemos un mundo post-apocalíptico en el que los humanos han quedado reducidos a ladrones y nómadas y la raza dominantes son los elfos. El conflicto surge cuando el gran árbol protector comienza a morir y con ello a liberar a todos los demonios que consiguieron apresar tras la gran guerra. El argumento es bueno, tiene mucho potencial, distintos personajes que desarrollar, crea intriga, pero la forma estropea el conjunto de la serie. El pésimo guión, los giros pobres y previsibles de la trama, el sentimentalismo extremo y los efectos especiales de bajo presupuesto no favorecen nada a este género tan anhelado por seriéfilos que piden calidad.

‘The Magicians’ tiene quizá algo más de clase. Es una suerte de ‘Harry Potter’ sin encanto, en el que solo unos pocos conocen la existencia de una universidad para magos. Pero no todo queda ahí, existen otros mundos, otras zonas de magia clandestina, que entrarán en contraposición con los estudiantes de Brakebills. Con capítulos como ‘El mundo en las murallas’, que hacen al espectador plantearse qué es real y cuál es el propósito de la ficción, se enriquece el contenido. Su planteamiento es bueno pero sigue habiendo aspectos que chirrían, que empobrecen, seguimos sin hablar de fantasía de calidad. Son apuestas incompletas, para adolescentes impresionables. Y no estamos hablando de iniciativas con un target adolescente, como puede ser ‘Cazadores de sombras’ o ‘El círculo’, que queda descartado del mapa, sino de ficciones cuyo público de destino es un espectador más maduro y culto.

Queremos tramas inesperadas, guiones que nos dejen perláticos, referencias, multitud de referencias, buena dirección de actores. No queremos clichés, ni amoríos fáciles, ni efectos penosos con intención de pasar por buenos, ni mediocridad. Queremos historias que nos emocionen, queremos desear vivir en esos mundos, queremos experimentación, volver a ser niños sin dejar de serlo, diríjanse a nosotros, no queremos tráilers con expectativas que no se cumplan. Los adultos (los jóvenes al menos) queremos seguir creyendo en la magia de las series. ¿Eso es todo lo que tenéis?

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