Poética del Chupa-Chups

Se me había olvidado lo absolutamente inútil que soy para comerme un Chupa-Chups.

Es un invento al que no le encuentro la utilidad. Tener un caramelo metido en la boca unido a un palo de plástico que impide su degustación es una acción digna de ser comparada con la opresión de los tacones de aguja.

Señor que inventó el Chupa-Chups: ¿qué problema tenía usted con la especie humana? ¿Por qué nos invitó con tanta amabilidad y un atractivo diseño de marketing a vagar por el mundo unidos a un sobresaliente palo, intentando extraer el sabor de un caramelo esclavo de la inmovilidad? ¿Cuál es la diferencia entre pasear con un Chupa-Chups en los labios o hacerlo con un brote de trigo? Probablemente solo el sombrero vaquero.

Conmovida por esta inquietud que me produce el tiránico caramelo, no puedo más que preguntarme ahora qué tiene de atractiva la imagen de una persona con Chupa-Chups. Ir comiéndome un Chupa-Chups por el metro mientras escribía esto me ha ayudado a aclarar mis primeras hipótesis.

 

La hipótesis número uno dice lo siguiente:

– La persona aleatoria con Chupa-Chups parece ocultar un secreto – quizá el secreto del sabor – que se le sube a los ojos y llega por ondas de naturaleza desconocida a los ojos del observador. Este misterio se fusiona con la persona y la hace más interesante de cara al público.

 

La hipótesis número dos afirma:

– El Chupa-Chups tiene cierto significado sexual. No creo que haga falta explicar más para comprender el repentino interés de la gente en un caramelo con palo que alguien se va comiendo tranquilamente por la calle.

 

La hipótesis número tres podría ser la definitiva, ya que es el resultado de la fusión loca de las dos anteriores:

– La persona con Chupa-Chups refleja cierta seguridad que siempre resulta atractiva. Esta seguridad estaría basada en el atrevimiento de la imagen sexual de la hipótesis número dos y en el secreto del sabor propuesto por la hipótesis número uno. En nuestra imaginación, su caminar podría estar acompañado por un ventilador o por una chaqueta de cuero muy rebelde.

En realidad, solo es una persona que ingiere calorías teñidas de algún color fantástico y unidas a un compuesto derivado del petróleo. Felicidades, cerebro humano, por tu hábil creación de imágenes poéticas, tan alejadas de la vista objetiva y poco atractiva de la función de nutrición.

Yo, por otra parte, sostengo que el Chupa-Chups, aunque incómodo, es divertido. Se puede sujetar, se puede comer en cualquier momento, se puede modular. Puede producir sonrojos y sonrisas o simplemente puede estar bueno y ya.

Pero es incómodo y yo soy muy inútil.

La próxima vez me comeré un chicle a ver qué pasa.

 

Este relato ya fue publicado por la artista en su blog.

 

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